Cuando sufres por amor tu cerebro se comporta como si fuera adicto a la cocaína

1. Dolor emocional que se convierte en dolor físico

Los estudios realizados a partir de resonancias demuestran que una desilusión sentimental fuerte, de las que te “rompen” el corazón, despierta en tu cerebro mecanismos similares a los que provoca un dolor físico. El dolor provocado por una emoción puede ser peor que el que experimentas de manera real, por un golpe o dolencia física, porque el ‘mazazo emocional’ mantiene la angustia durante días, semanas e, incluso, meses. Es una sensación persistente.

2. Síndrome de abstinencia

Estos mismos estudios también han demostrado que cuando sientes que te han roto el corazón, tu cerebro se comporta del mismo modo que cuando a un adicto a la cocaína o los opiáceos le retiran estas sustancias. El sentimiento de amor o ilusión provocada por otra persona genera síndrome de abstinencia cuando desaparece. No en sentido figurado, no como una metáfora, somos yonquis de esta emoción afectiva.

3. Pensamientos negativos que nos mantienen atrapados en bucle

Cuando llama a tu puerta el desencanto emocional, nunca viene solo. El cerebro prepara la visita de pensamientos negativos, absurdos y exagerados que se repiten en bucle durante todo el proceso de ‘duelo’. Recreas conversaciones, rescatas imágenes, revisas recuerdos. Todo en busca del punto oscuro al que aferrarte para que estar mal sea más fácil.
Este proceso han comprobado que es humano, global y responsabilidad del cerebro.

Conocer el proceso por el que pasa tu cerebro cuando sientes que tu corazón está hecho trizas, es una herramienta para saber qué esperar y cómo combatirlo. Por eso, lo primero es que no des alas al dolor físico que experimentas cuando te encuentras mal anímicamente, porque es responsabilidad del cerebro, que verbaliza el dolor de una emoción en un dolor que puedas tocar y reconocer. Es más, que busques con desesperación una dosis de esa emoción que acabas de perder, es normal. Tu cuerpo necesita lo que la ilusión o el amor, le provoca, y se lo han quitado de golpe.

Por eso, lo siguiente es intentar pasar el síndrome de abstinencia con la mente y el cuerpo ocupados en otras tareas con alto poder sanador: un viaje, unas cañas, pinta, lee, charla. Y, por último, a los pensamientos negativos, recíbelos con su contrario preparado o con una buena meditación para aligerar el cerebro. Psicólogos como el autor del best seller PoderosaMente, Bernabé Tierno, defienden la importancia del control y la elección de pensamientos positivos para frenar las dolencias físicas causadas por una emoción mal gestionada.

Como conclusión, ahora que conoces el paseo que realiza tu cerebro cuando alguien te rompe el corazón, puedes prevenir o disminuir el trayecto anticipándote o poniendo freno a las tres fases. Tu cerebro es quien manda, pero tú tienes el poder de mandar sobre el, así que ejércelo.